Los osos negros están apareciendo nuevamente en los vecindarios del valle del río Wood.
Con la vegetación y las bayas de verano en su máximo esplendor, los osos buscan alimento activamente y se esfuerzan por engordar antes del largo invierno que se avecina. Desafortunadamente, algunos se dirigen a zonas residenciales en busca de comida fácil.
Los osos tienen un sentido del olfato increíble, y ese es el problema
Se estima que el olfato de un oso es siete veces más potente que el de un sabueso y puede detectar olores a kilómetros de distancia. Esta increíble capacidad les ayuda a sobrevivir, pero también los atrae a lugares donde no deberían estar, especialmente cuando las fuentes de alimento humano son fácilmente accesibles.
Desde basura en fermentación hasta alpiste y comederos para colibríes, los osos se sienten atraídos por objetos domésticos comunes. Y una vez recompensados con comida, regresan una y otra vez.
Cuando los osos encuentran comida cerca de las casas, todos pierden
Vivir en Idaho significa compartir el paisaje con la vida silvestre, algo de lo que los residentes se enorgullecen. Pero ese privilegio conlleva una responsabilidad.
Cuando los osos se sienten cómodos en las casas, empiezan a perder su miedo natural a las personas. Lo que empieza como una visita curiosa puede convertirse rápidamente en un patrón peligroso. Un oso que aprende a asociar a las personas y las casas con la comida suele ser sacrificado por seguridad pública.
Dejar que un oso se convierta en un visitante habitual, incluso sin hacer nada, transmite el mensaje de que es bienvenido. Y eso puede tener graves consecuencias.
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